A la obsolescencia programada, prácticas documentadas – Radar Libre
A la obsolescencia programada, prácticas documentadas

TXT: Radar Libre

IMG: Niamfrifruli | CC BY SA

Avances, cortes e interrupciones de procesos colectivos, sociales y políticos en torno a tecnologías libres. ¿Qué hacemos con las herramientas y las tecnologías sociales desarrolladas? ¿Alcanza con documentar / sistematizar?

El software libre y la cultura libre pueden ser caminos posibles para contrarrestar la obsolescencia programada, a la cual se puede definir como “el conjunto de técnicas mediante las cuales un fabricante, importador o distribuidor de bienes, en la creación o a través de la modificación del producto, reduce deliberada e injustificadamente su duración con objeto de aumentar su tasa de reemplazo1.

Son muchas las comunidades del mundo libre que llevan adelante este valioso trabajo de documentación, que implica reunir, sistematizar y curar una serie de materiales, que intentan abordar las tecnologías por fuera de la vorágine de consumo de novedades y más sobre los usos sustentables. En general, son contenidos con licencias que permiten que esa información pueda ser retomada, profundizada, actualizada o remezclada. Así podemos encontrar desde recomendaciones de programas libres (de código abierto, en su mayoría gratuitos) para crear o gestionar contenidos; tutoriales, manuales y cursos abiertos para saber cómo utilizarlos; foros para saldar dudas técnicas y compartir soluciones; y también artículos de análisis y publicaciones académicas sobre la importancia de potenciar estas otras lógicas. ¿Pero sólo los procesos técnicos deben resguardarse de caer en la obsolescencia? ¿Qué sucede con las prácticas sociales que conllevan los procesos de discusión en torno a tecnologías? ¿Alcanza con tener documentación técnica y una incipiente reflexión teórica sobre procesos que a menudo se dan en otras geografías y con diversas condiciones de existencia y de posibilidad?

Hablando de la libertad

Quizás sea necesario entender previamente sobre qué bases se asientan estas dinámicas. Para que los proyectos relacionados al software libre y a la cultura libre sean sostenibles en el tiempo es necesario que sean robustos tanto en lo técnico como en su comunidad. El primer aspecto suele tener mayor peso en el desarrollo de software, por la simple razón de que si un programa no funciona, muere. En cuanto a la comunidad, mientras más organizadas sean las dinámicas de participación, es probable que haya mayores y mejores contribuciones al código, a la documentación de estos procesos, reportes de fallos o feedback, a la producción de manuales o tutoriales, etc. La supervivencia depende en gran parte de una comunidad activa, productiva y compleja. Según describe la socióloga e investigadora en tecnologías, Alex Haché, esto incluye mucho trabajo a distancia, voluntario, donde “hay que saber usar adecuadamente los canales de comunicación elegidos por el colectivo para que se den unos niveles mínimos de interactividad, participación, apertura y documentación del conocimiento generado”.

Las dinámicas y las formas de organización de estas comunidades son de lo más diversas y variadas 2, pero la base común sobre la cual se tejen estos acuerdos y consensos son las cuatro reglas que la Free Software Foundation (FSF)3 llama libertades esenciales y que hacen foco sobre el uso, la copia, el estudio y la difusión de mejoras. Como señala Richard Stallman, programador, ex-presidente de la FSF y principal referente del software libre, es importante no confundir software libre con código abierto (open source), ya que este último, “es una metodología de programación, [mientras que] el software libre es un movimiento social”. Esta bitácora busca analizar esta última afirmación.

Podemos tomar la perspectiva del docente e investigador Oscar Vallejos, que señala:

“El software no está siendo entendido sólo en términos de un artefacto tecnológico sino en términos de un artefacto diseñado, producido, usado – adaptado y aplicado – de una estrategia colectiva”. Esto implica que “hay un colectivo social que lo emprende y desarrolla (activa) y tiene interés en hacerlo crecer a partir de ciertos principios políticos y culturales. Podemos llamar a estos principios valores. Valores políticos como la libertad, la autonomía, la horizontalidad; valores tecnológicos como la eficacia, la transparencia – frente a la idea de caja negra -, la adaptabilidad, la condición de inacabados; valores comunales como la colaboración, el compartir, la solidaridad”.

Pantalla de una notebook con una consola de GNU/Linux. En primer plano desenfocado un mano sujeta un mate
Taller de software libre | Foto: Titi Nicola | CC BY SA

Desde un recorrido histórico – continúa Vallejos –, se puede afirmar que:

A partir de la década de los ochenta del siglo pasado y con la producción efectiva del sistema operativo GNU/Linux se realiza un salto cualitativo del movimiento de software libre a escala internacional y el surgimiento de una actividad intensiva de proyectos que tienen como base la de producir artefactos informáticos para hacer posible el trabajo cooperativo y colaborativo orientado en función del ideal de libertad/soberanía”.

Del software libre a la cultura libre

Estos principios trascendieron el software e incluso las libertades comenzaron a aplicarse sobre todo tipo de obras culturales digitales o factibles de ser digitalizadas. Nace así la cultura libre , “una corriente de pensamiento que promueve la libertad en la distribución y modificación de trabajos creativos basándose en el principio del contenido libre para distribuir o modificar trabajos y obras creativas, usando internet así como otros medios”.

Cultura libre es un concepto popularizado por Lawrence Lessig – abogado y activista – a partir de su libro homónimo, donde presenta una serie de argumentos sobre la necesidad de transformar ciertas legislaciones que a la larga están generando restricciones a la creatividad. Su tesis se basa en un cambio de época con la irrupción de la digitalización de producciones culturales – que hace indistinguible la diferencia entre original y copia, además de tener un costo cercano a cero en sus réplicas –, y en el potencial difusionista de internet. Lo que debate Lessig es la necesidad de pensar nuevas legislaciones o reformular las que quedaron anacrónicas. Dice que su meta no es combatir a Todos los Derechos Reservados sino complementarlos, y la manera de hacerlo es repensando las reglas, que en el marco de las tecnologías digitales han quedado desfasadas y se han vuelto herramientas para los monopolios.

Un varón y una mujer intercambian ideas frente a la pantalla de la notebook durante un taller
Taller de diseño editorial con software libre | Foto: Niamfrifruli | CC BY SA

Es interesante ver cómo entran en juego, se emparentan o colisionan ciertas concepciones sobre la cultura o sobre la libertad aún dentro del propio movimiento. Lessig alinea a la cultura libre, como parte de tradiciones liberales como la libertad de expresión, el mercado libre, el libre comercio, la libre empresa, el libre albedrío y las elecciones libres.

Este concepto, de tradición liberal estadounidense, resulta complejo y problemático, según quién lo aborde, sobre todo en esta región del mundo donde ha sido parte de la construcción narrativa para sostener ciertos programas económicos de pérdida de derechos de las mayorías. Otro ejemplo, aparece en un documento elaborado por GRAIN4 donde se mencionan ciertas dificultades, cuando se ponen en práctica las licencias de acceso abierto (aún cuando no sean monopólicas) porque “sigue expresando el concepto de propiedad, cuando la propiedad puede no ser tema de interés para algunas personas (por ejemplo, los pequeños agricultores), o puede ser algo que otros realmente desean evitar (por ejemplo, los pueblos indígenas)”.

Por su parte Margarita Padilla, hacker y activista catalana por el software libre, también pone en tensión la cultura libre y en particular el esquema legal de las licencias Creative Commons. Es muy complejo equiparar el producir y compartir código y, por ejemplo, fotografías, en parte por lo acabado de las últimas frente al primero y la autonomía con la que funcionan. Los modelos de producción también son diferentes, sobre todo si aspiran a salir de la precariedad. Padilla no clausura la posibilidad de establecer una economía amparada en creative commons, pero implica por sobre todas las cosas, construir “comunidades que tengan capacidad productiva, pero también de agencia y de negociación”.

La docente e investigadora argentina Bianca Racioppe también señala divergencias entre el discurso de Stallman, más ligado a la comunidad de programadores, y el de Lessig, desde una mirada jurídico-filosófica de la idea de libertad. “En Stallman hay un reconocimiento de la comunidad, del conjunto y del bien del grupo (…). En el pensamiento de Lessig tal vez sí aparece esta idea de la libertad individual, de cada autor, de decidir cómo compartir su obra, basada en una idea del derecho individual y no en la concepción que sustenta Stallman de la creación de comunidad”.

Aún con estas complejidades, es posible entonces, ver la convergencia con una serie de movimientos que disputan contra las patentes de las multinacionales farmacéuticas, que enarbolan la soberanía alimentaria frente a la propiedad de las semillas, o el derecho al anonimato frente a esquemas de vigilancia de los Estados y contra la comercialización de datos por parte de empresas. Quizás algunas consignas parezcan más sensibles y urgentes que otras, pero sin dudas todas se pueden englobar en una galaxia de acciones que buscan evitar la privatización de la vida y del conocimiento.

Sobre esto, podemos concluir con Oscar Vallejos:

Sin lugar a dudas, el movimiento de software libre como movimiento mundializado o globalizado adquiere diferentes matices en función de las realidades territoriales en que se despliegan y los modos en que el movimiento va pensando la agenda (qué hay que hacer y cuándo), los límites (quienes son los aliados y quienes son los opositores) y la incorporación de nuevos cuadros a sus filas”. De esta manera describe el paso del software libre “de ser un movimiento de informáticos a ser un movimiento social que incorpora a diversos agentes con saberes e intereses muy diversos también”.

Algunos antecedentes en la región centro de Argentina

Son las propias comunidades que mediante estas lógicas y que con estas herramientas legales, van garantizando que las producciones generadas deban / puedan ser devueltas al común para que la dinámica no se interrumpa. Sin embargo sigue siendo un interrogante lo que sucede cuando una comunidad deja de producir conocimientos, contenidos e intercambios, ¿qué sucede con esa experiencia o esa “tecnología social” sobre cómo llevar adelante, debatir y sostener procesos colectivos? ¿Alcanza con sistematizarlo? ¿Ese legado queda obsoleto o puede ser retomado, remixado y re-encauzado? ¿Qué debates hay en la región centro de Argentina respecto a esto?

Durante la indagación previa de Radar Libre diversos colectivos o integrantes de diferentes comunidades fueron convidando sus maneras de andar y adaptar metodologías, en base a las condiciones de producción, a las cargas culturales propias, historias y luchas. En las entrevistas realizadas para confeccionar el mapeo, fue recurrente escuchar menciones a proyectos que marcaron una impronta, fueron referencia y que han dejado de existir – por el propio agotamiento de quienes lo producían, por una reconversión o un cambio de interés, porque la militancia y el activismo los llevó a otras zonas, etc.

Un varón de espaldas con una camisa de trabajo que dice "Tecnología Popular Liberada - CTP Córdoba. Al fondo varones y mujeres que participan de la charla
Integrante de CTP durante la FLISoL 2014 en Córdoba | Foto: Romina Martino | CC BY SA

Algunos ejemplos son Construcción Tecnológica Popular (CTP), un espacio de formación y experimentación con tecnologías libres y accesibles que funcionó en Córdoba entre 2011 y 2018; en la ciudad de Santa Fe, la cooperativa Tembé que entre 2011 y 2013 generó proyectos en diversas áreas, y que incluyó la realización audiovisual con software libre, además de la producción de un fork sobre el programa MyPaint5; en la ciudad de Rosario el proyecto Compartiendo Capital que operó entre 2005 y 2011, y que se definía como “una plataforma para fomentar el libre intercambio de conocimientos en el ámbito cultural”, una iniciativa previa al boom de los tutoriales, donde se armaban instructivos de cómo hacer cosas y los compartían libremente, a la vez que era un espacio de experimentación y reflexión artística, que hasta llegó a tener forma de libro.

Estas experiencias que se encontraban activas algunos años atrás, vinculando comunidades y activismos de diferente escala pero con cierta potencia, habían dado cierto salto respecto a la estabilidad más allá de una aventura geek . Algunas fueron fruto de una experiencia acumulada al interior de organizaciones o redes de organizaciones, que aparecían como respuesta ante una necesidad de sectores emergentes, o habían logrado cierta sustentabilidad.

Como contracara, si analizamos determinados desarrollos de software, vistos un lustro atrás parecían un desafío y un salto demasiado al vacío. Aún cuando estos desarrollos eran utilizados como herramientas de producción por parte de los proyectos listados, no contaban necesariamente con la robustez requerida para considerarse opciones válidas para formar una masa crítica entre otros actores sociales similares. Esto da cuenta de la no-linealidad de los procesos, con oleajes y desfasajes respecto a condiciones de sustentabilidad, tiempos político-organizativos6, pero también de condiciones tecnológicas.

No obstante, esa no-presencia en el mapa actual no implica necesariamente un vacío. Muchas de estas prácticas se manifiestan en pisos de experiencias acumuladas, a partir de las cuales se fueron construyendo nuevas iniciativas – a veces con enroque de actores. O siguen siendo parte de las narrativas de aquellos proyectos que fueron contemporáneos y continúan, o de los surgidos con posterioridad.

Dos varones sentados mirando al frente durante una presentación en un auditorio. Detrás se ve proyectada en la pantalla un frame de animación en MyPaint
Integrantes de Tembé en 2012 utilizando MyPaint | Foto: Tembé Cooperativa

Sin embargo, la necesidad de sistematizar o documentar la construcción de ciertas prácticas sigue siendo una falencia en muchos casos. Disponer de una narrativa común y colaborativa es una respuesta por parte de algunas comunidades de militancia y activismo en tecnologías y cultura libre, para evitar entrar en un loop de discusiones desde los cimientos. Es un intento por familiarizar conceptos que aún cuando en una primera escucha suenen extrañas al oído – por el idioma, o ser parte de discursos expertos –, o contengan la sospecha de tufillo neoliberal, sean factibles de ser (re)conectadas con estas geografías, con prácticas culturales y luchas cercanas.

Algunos colectivos o comunidades frente al borrado de espacios digitales – fruto de la obsolescencia mencionada o el abandono de los proyectos – buscan construir y sostener repositorios abiertos y colaborativos, como una posible memoria colectiva a futuro, donde se incluyen diversos materiales digitalizados, debates y testimonios. Asimismo, frente a la desarticulación o imposibilidad de instancias presenciales de socialización de conocimientos, buscan crear espacios digitales de comunicación. No obstante para muchos sigue siendo prioritario crear, sostener o reinventar lo territorial, lo cercano, lo cual es vital para el intercambio de saberes y de agendas, el fortalecimiento de lazos y la articulación de luchas.


Bibliografía

Notas al pie

  1. Tomada de la wiki que creó el gobierno ecuatoriano para debatir de forma colaborativa una ley contra la obsolescencia programada, disponible para consultar en el Código Orgánico de Economía Social del Conocimiento e Innovación. Optamos por esta definición frente a la que ofrece la Wikipedia, por considerarla más sintética e incluso abarcativa.
  2. Lo desarrollamos con mayores precisiones en la bitácora “De lo geek a lo comunitario
  3. Organización sin fines de lucro y principal representación institucional del movimiento por el software libre.
  4. Acción Internacional por los Recursos Genéticos (GRAIN, por sus siglas en inglés)
  5. Esta experiencia incluyó la adaptación de un software libre de ilustración para que tenga una funcionalidad de animar cuadro a cuadro. Fue relevada como antecedente por el autor de este artículo y forma parte como un estudio de caso en la tesis de grado de la licenciatura en comunicación social “Software libre para una cultura libre”, realizada por Melisa Puccinelli
  6. El Estado, en cualquier de sus escalas, fue un actor importante para algunas de estas experiencias posibilitando condiciones concretas para la sustentabilidad y sostenibilidad, permitiendo la innovación, o facilitando el intercambio presencial en redes, encuentros, etc.