Construyendo una constelación de resistencias – Radar Libre
Construyendo una constelación de resistencias

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IMG: Casa 13 | CC BY SA

intervención artística con viejas PC
Orígenes, encuentros, posibilidades y confluencias entre la cultura y el software libre y la comunicación contrahegomónica.

La búsqueda por articular o confluir los movimientos de comunicación alternativa / comunitaria con software y cultura libre no es algo nuevo. Hay experiencias que hace una década iniciaban en solitario, un abanico de procesos que se interrumpieron, que mutaron, o que lograron consolidarse e incluso hacer comunidad. Lo que primero apareció vinculado a la cultura maker y la experimentación artística, fue sumando masa crítica hasta enunciarse como una posibilidad y una necesidad de establecer una alianza estratégica de movimientos sociales 1.

Sin lugar a dudas, internet y lo digital – como condición – y luego la masificación de dispositivos y proliferación de plataformas, fueron el gran parteaguas. De allí que ciertos usos y debates que en sus inicios aparecían aislados o únicamente vinculados a otras geografías, hoy tienen otro tipo de centralidad. El primer desafío para analizar estas prácticas, implica situarlas geográfica e históricamente, comprender algunas colisiones que se pueden dar entre sus marcos conceptuales, cómo son las formas de nombrar ciertos procesos y de abordarlos. En De lo geek a lo comunitario analizamos parentescos en la noción de comunidad y aquí se tratará de indagar en base a algunas propuestas en particular.

pizarra festival Fábrica de Fallas 2008
Pizarra anunciando la primera edición del festival Fábrica de Fallas 2008 | Foto: Beatrice Murch | CC BY SA

Las nociones de lo hegemónico, la contrahegemonía y hegemonía alternativa de Antonio Gramsci y trabajadas por Raymond Williams han sido fundamentales para poder estudiar los medios de comunicación comunitarios y alternativos, y pueden ser de gran utilidad para pensar dónde ubicar o cómo abordar estas prácticas que incorporan / intentan confluir con el software libre y la cultura libre. Es interesante ver cuáles son las grietas y resquicios que encuentran, qué lógicas comparten, si logran potenciarse y articularse. Como señalaba Williams, la hegemonía es un proceso, “un complejo efectivo de experiencias, relaciones y actividades que tiene límites y presiones especificas y cambiantes”. Aún con la pretensión de ser dominante, en la práctica no lo es de forma total. Nunca la hegemonía “se da de modo pasivo como una forma de dominación. Debe ser continuamente renovada, recreada, defendida y modificada. Asimismo, es continuamente resistida, limitada, alterada, desafiada por presiones que de ningún modo le son propias”.

Esto permite entender que las experiencias analizadas en Radar Libre y las bases sobre las que se asientan (incluso sus antecesoras), son producto de diferentes momentos históricos y coyunturas políticas. Lo cual implica que además de una divergencia en matrices ideológicas, fueron producidas bajo determinados diagnósticos. Si como señala Williams que “todo proceso hegemónico debe estar en un estado especialmente alerta y receptivo hacia las alternativas y la oposición que cuestiona o amenaza su dominación”, es importante poner en tensión la idea de resistencia. Sin un diagnóstico acertado, o con una lectura imprecisa y desactualizada sobre lo hegemónico y los posibles cambios de escenarios, se corre el riesgo de no distinguir entre acciones que implican resistencia, iniciativas neutralizadas o incorporadas.

El software libre y cultura libre en / desde los medios contrahegemónicos

Diversas investigaciones sitúan el surgimiento de estas prácticas de comunicación – con todas sus variantes conceptuales –, entre las décadas de 1950 y 1960. Como señalan las investigadoras Patricia Fasano e Irene Roquel:

Se llama con esos nombres a las prácticas de comunicación que tienen por sujeto a los grupos populares y que buscan alterar las relaciones de poder hegemónicas, al potenciar la expresión de quienes habitualmente no tienen la posibilidad de ejercer su derecho a la comunicación”.

Los inicios de las prácticas cobijadas bajo el concepto de alternativos pueden situarse entre la década del 60 y 70 – Radio Rebelde y la agencia Prensa Latina en Cuba, el movimiento de cine documental latinoamericano, o las radios libres de Italia y Francia. No obstante, la emergencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994, los estallidos antiglobalización en Seattle en 1999 y la crisis del 2001 en Argentina, fueron generando diferentes reconfiguraciones en escalas que van desde lo mundial, lo latinoamericano y lo local. Al respecto, señala la investigadora Susana Sel:

El EZLN y sus movimientos de apoyo comienzan a utilizar estos medios en un proyecto de comunicación alternativa que transforma el sentido de lo comunitario, tradicionalmente entendido como localista, y que interpela a una comunidad mundial. La irrupción de estas experiencias en el mundo de los medios vuelve a situar en el debate la articulación de estos en su amplia diversidad tecnológica con el movimiento social”.

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Marcos durante el encuentro del EZLN con la Sociedad Civil en 1999 | Foto: Cesar Bojorquez | CC BY

En nuestro país, el 2001 marcó un quiebre. En la previa y posterior a la crisis emergieron una infinidad de medios de comunicación, rotulados bajo el concepto de alternativos. A casi dos décadas, muchas organizaciones que se reconocieron bajo ese paraguas conceptual, han optado por reivindicarse cooperativos y autogestivos. En otros casos ampliaron las definiciones a populares y comunitarios.

La cooperativa La Vaca, responsable del Periódico MU, por ejemplo, se autodefinía ya en 2006 como un medio social de comunicación. Señalando que el debate no está “esencialmente en la forma de organización de la producción de un nuevo medio de comunicación (‘el problema no es el patrón’) sino de crear otro modelo de comunicación y luego organizarlo de la forma más conveniente a sus fines, objetivos y prácticas”. Asimismo renegaba de lo alternativo y de la llamada contrainformación, a las que consideraba nociones “ajenas o extranjeras, dicho esto no en el sentido territorial, sino de una reflexión que no es propia de quienes han creado estas nuevas herramientas”. En definitiva, eran “categorías forjadas en otros ámbitos y otros tiempos”.

No obstante estas diferencias en cómo se fueron denominando estos medios, comparten ciertos rasgos en general. Sea por la forma en que se organizan, la cercanía con proyectos políticos y organizaciones sociales o de base, cómo conciben la comunicación, la forma en la que se vinculan con el receptor, cómo se financian etc.

Tecnopolítica, ciber-autonomismo y nuevos escenarios de disputa

A primera vista, hay aspectos tecnopolíticos 2 que llevan a pensar en ciertas continuidades históricas de aquellas definiciones asumidas o problematizadas. Es ineludible vincular estos dos movimientos sin establecer nexos con el activismo antiglobalización, que irrumpió con fuerza a finales del milenio en Seattle. Allí emergió también lo que el sociólogo político italiano Paolo Gerbaudo describe como una estrategia ciber-autonomista. Estos cruces surgidos en los países centrales, proponían a internet como un espacio de resistencia por fuera del control de los Estados y de la lógica capitalista. Allí aparece la idea de una infraestructura de comunicación autónoma, necesaria “para una comunicación alternativa genuina”. De esa etapa son los Indymedia, los servicios alternativos de internet y correo como RiseUp, los hacklabs o laboratorios hacker, etc. Al respecto, Gerbaudo agrega lo siguiente:

Basándose en la tradición de los medios alternativos de los ’60 a los ’80, en un contexto de prensa ‘underground’, cultura del ‘fanzine’ y radios piratas, los activistas técnicos esperaban usar la Internet para romper el monopolio de los medios informativos corporativos, responsables de canalizar propaganda neoliberal y silenciar cualquier punto de vista alternativo”.

Décadas atrás se podían encontrar miradas similares en movimientos y organizaciones sociales en Argentina, que veían internet como una plataforma desde donde desarrollar formas de resistencias en red. No obstante, esto no implicaba pecar de una mirada ingenua. ConoSur lo destacaba como un espacio virtual “en donde proyectos de comunicación alternativa situados en diferentes lugares del globo pueden forjar vínculos y enriquecer sus conocimientos mediante el intercambio de las experiencias de lucha, en sus contextos específicos posibilitando, en muchos casos, la acción concreta”.

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Encuentro de la Red Nacional de Medios Alternativos 2015| Foto: Chakana Colectivo | CC BY NC SA

A la utilización de blogs y boletines de noticias vía correo electrónico, le continuó la necesidad de abordar lo técnico como una herramienta a moldear, a disputar, a apropiar. Aún así, estas prácticas no estaban exentas de contradicciones, algunas que perduran hasta hoy. Muchas veces la apropiación o re-apropiación no necesariamente es como detallamos en Re-imaginando horizontes tecnológicos. Ciertas propuestas abordan la tecnología desde dimensiones netamente instrumentales, donde el proceso en cierto modo se resume en formarse y aplicar una técnica con finalidades vinculadas al proyecto político, logrando “torcer” aquello para lo que estaba pre-definida por la ideología dominante. Por ejemplo, la utilización de redes sociales privativas no puede ser emulado al mimeógrafo de la contrainformación3, y justamente estos diagnósticos impiden pensar la complejidad de los soportes y posibilidades de disputa.

Sebastián Vázquez, como integrante del Colectivo La Tribu, reflexionaba en 2010 a partir de prácticas concretas de vinculación entre medios de comunicación alternativa, colectivos artísticos y cultura libre (incluyendo el software libre). Buscaba definir la cultura libre más que por lo que es, como una expresión de deseo: “¿Qué deseamos que sea?”.

Proponía enriquecerla “con aportes de movimientos campesinos, cosmovisiones de los pueblos originarios, el fenómeno de las fábricas recuperadas, las luchas por la democratización de las comunicaciones, los debates sobre la bioética y la autonomía de los cuerpos, las miradas sobre los nuevos modos de organización del trabajo en el capitalismo cognitivo”. La comunicación alternativa podría ser entonces, uno de los frentes de la cultura libre, la cual condensa “la posibilidad de articular, si no un ‘gran relato’, sí una galaxia de resistencias, en algunos casos, y luchas frontales, en otros”. Asimismo señalaba diversas formas de resistencia paridas en Latinoamérica, como posibilidad, como insumo, como “llave para que la cultura libre pase a otro estadio de las discusiones y las luchas”.


Bibliografía

Notas al pie

  1. En nuestro país son fundamentales los aportes hechos por la Fundación Vía Libre – sumando información jurídica-legal y anclando las luchas a las realidades regionales –, así como también el trabajo del Colectivo La Tribu, consolidado en las ediciones entre 2008 y 2012 del festival “Fábrica de Fallas” – Un Festival de cultura libre y copyleft realizado en la Ciudad de Buenos Aires. Como mencionábamos en “A la obsolescencia programada, prácticas documentadas”, hay experiencias regionales que fueron parte de esas primeras bases.
  2. Tomamos el enfoque de Margarita Padilla, basado en lo producido académicamente a partir del movimiento 15M en la investigación colectiva de @Datanalysis15m. En un curso para organizaciones sociales, Padilla definía a la tecnopolítica como “el uso táctico y estratégico de las herramientas digitales para la organización, comunicación y acción colectiva. Es la capacidad de las comunidades conectadas, de los cerebros y cuerpos en red para crear y automodular los movimientos sociales“.
  3. Esto es abordado con mayor profundidad por Paolo Gerbaudo en su texto “Del ciber-autonomismo al ciber-populismo: una historia de la ideología del activismo digital” y por Margarita Padilla en su libro “El kit de la lucha en internet”.