De lo geek a lo comunitario (parte II) – Radar Libre
De lo geek a lo comunitario (parte II)

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IMG: TitiNicola | CC BY SA

¿Cómo son las comunidades desde la cultura libre y el software libre? ¿Qué puntos de contacto hay con otro tipo de comunidades? ¿Qué las diferencia?

Si los estudios de prácticas comunitarias en comunicación abundan, respecto al software libre y la cultura libre, son muy incipientes1. Un primer acercamiento nos posiciona frente a tipos de comunidades caracterizadas como “complejas”. La socióloga e investigadora en tecnologías, Alex Haché, señala en un artículo:

Gran parte del trabajo desarrollado transcurre a distancia. Sea porque se trata de trabajo voluntario realizado desde donde a cada una le resulta más cómodo, por nomadismo y no tener o no querer un espacio físico definido, o simplemente porque se trata de proyectos que operan para y desde internet. Con todo ello, hay que saber usar adecuadamente los canales de comunicación elegidos por el colectivo para que se den unos niveles mínimos de interactividad, participación, apertura y documentación del conocimiento generado”.

Por su parte, la hacker catalana Margarita Padilla reflexiona desde un enfoque activista sobre las prácticas tecnológicas libres. En sus textos habla de las comunidades “en tanto construcciones simbólicas”. Y aclara que “esta dificultad hace que en una misma situación una comunidad pueda ser una realidad muy presente y activa para algunas personas y a la vez algo totalmente invisible para otras”.

Si hablar de comunidad de software libre puede sonar a una paradoja, por sus lógicas de interacción mediada, a distancia, y de forma individual, Padilla y Haché lo fundamentan en las características de esos lazos sociales y en las arquitecturas de participación2.

Algunas características comunes de las comunidades de código abierto

En “Comunidad: No basta con quererla. Hay que comprenderla” de Margarita Padilla, encontramos enumeradas una serie de características que tienen en común las comunidades de código abierto. La autora señala que no hay un estándar o una norma en lo que respecta su forma de participar, y muestra de eso son los diversos funcionamientos de proyectos que conviven o coexisten: los hay centralizados y descentralizados, con mayores y menores criterios de calidad en las contribuciones, con protocolos claros o más difusos.

A grandes rasgos se puede señalar que las comunidades de código abierto son voluntarias y crecen en torno a una afinidad. Es una forma de comunidad “que se construye en torno a sí misma y no en contraposición a un otro”. El pertenecer a una comunidad implica contribuir. Son meritocráticas y de reconocimiento o validación entre pares, en base a la calidad de las contribuciones hechas. Son productivas y con un riesgo de exclusión muy alto, en cuanto sus miembros no lo sean (o dejen de serlo). Propone estructuras de cooperación y coproducción. Son autónomas e imprevisibles, lo cual hace compleja la articulación con otro tipo de estructuras centralizadas. Por este motivo, no se pueden “crear por decreto” (por ejemplo desde instituciones, Estados, etc). Responden a ciertas reglas o parámetros internos y ante esto, “no siempre ofrecen un protocolo transparente para recoger y validar contribuciones, lo cual afecta mucho al reconocimiento y a la sensación de pertenencia”. En una primera conclusión menciona lo siguiente:

Las prácticas culturales de código abierto son un ensayo-error que trata de integrar lo duro (equipamientos, infraestructuras, financiación) con lo blando (procesos). Las comunidades estarían en medio produciendo por una parte grandes intersecciones creativas y, por otra, reticencias burocráticas y administrativas graves”.

Al frente se ve una pantalla con una videollamada activa, donde Margarita Padilla está hablando. Al fondo un grupo de personas escucha atenta la exposición
Margarita Padilla durante su exposición en las Jornadas de Género y Software Libre 2019 | Foto: Martín Bayo | CC BY SA

Comunidades libres, ¿libres de conflictos?

Margarita Padilla en sus exposiciones3 suele hacer una distinción entre comunidades deliberativas o políticas y comunidades hacedoras, productivas o hackers. Y respecto a estas últimas, señala que a diferencia de las deliberativas o políticas, su misión “no es convencer al mundo de que su idea es mejor” porque no trabajan en ese terreno. Sino que buscan “autoorganizarse para hacer de su idea un código y que ese código sea mejor”. En el concepto de código, Padilla engloba tanto al software producido “como a los modelos o códigos sociales (…) bajo los cuales se organiza esa cooperación”.

¿Pero qué sucede respecto a las disputas o pujas de poder? ¿Están exentas estas comunidades de los conflictos? Una diferencia principal respecto a otro tipo de comunidades es que la puja se hace visible en la contribución, donde “todas las partes de la comunidad luchan, trabajan, por hacerse necesarias. Así, “quién más contribuye, más posibilidades tiene de hacer un fork — el cual se produce cuando en una comunidad hay una bifurcación, un desacuerdo irreversible e innegociable”. Debido a esto, “todas las partes entienden que alcanzar un consenso va a ser mucho menos costoso que producir un fork.

Confluencia de comunidades

Resulta interesante ver que pese a estas diferencias, que por momentos parecen contrapuestas, estos tipos de comunidades deliberativas y hacedoras, se encuentren y confluyan. Que lo hacker, lo virtual y lo desterritorializado, tomen cuerpo, territorialidad y logren ser parte de otras luchas. Que lo geek y lo experimental, queden subordinados a la necesidad de construir tecnologías de fácil apropiación por quienes no son necesariamente parte del grupo de expertos.

Que se generen esas “alianzas monstruosas entre comunidades”, como suele decir Margarita Padilla, es posible. Para esto, es necesario “formar a personas que puedan circular y ser aceptadas entre los dos mundos”. Es decir, que realicen acciones o aportaciones que sean valoradas en ambos tipos de lógicas, pero que al mismo tiempo abonen también tanto a unas como a otras. Padilla remarca que es fundamental “amar lo bueno y liberador que aportan cada una (…), para transitar entre una y otra buscando la línea de la mayor potencia”. De esta manera, se pueden ir construyendo bases sólidas para cuando llegue el momento de confluir en la acción a partir de un punto relevante en la lucha. Y a la vez, hacer permeable la frontera entre saberes diversos, permitiendo construir nuevas narrativas, apelando a imaginarios comunes. Una alianza que puede lograr “un grandísimo valor social de liberación y [que llegado el acontecimiento] emerge porque ya estaba construida en sus cimientos”.


Bibliografía

  • HACHÉ, Alex (2014) “Soberanía tecnológica”, en HACHÉ, Alex (Comp) Dossier Ritimo – Soberanía Tecnológica.
  • PADILLA, Margarita (2012) “Comunidad: No basta con quererla. Hay que comprenderla” en BALBOA, Txelu et. al Decálogo de prácticas culturales de código abierto.
  • PADILLA, Margarita (2017) “Soberanía tecnológica. ¿De qué estamos hablando?”, en HACHÉ, A (Comp) Soberanía Tecnológica 2.
  • PADILLA, Margarita (2019) Conversatorio “Activismos del Software Libre: comunidad y autoorganización”. En 2ª Jornadas de Género y Software Libre: Hackeando el patriarcado. Tecnicatura Universitaria en Software Libre de la Universidad Nacional del Litoral

Notas al pie

  1. No sucede lo mismo en cuanto a la ética que envuelve a este tipo de movimientos, sobre los que hay textos que se han tornado clásicos.
  2. Recomendamos los dossier de Soberanía Tecnológica 1 y Soberanía Tecnológica 2, donde se reseña y se reflexiona una diversidad de enfoques y formas de participación.
  3. Las textuales fueron tomadas del conversatorio “Activismos del Software Libre: comunidad y autoorganización” brindado por Margarita Padilla el 4 de julio de 2019. El mismo fue en el marco de las 2ª Jornadas de Género y Software Libre: Hackeando el patriarcado, organizadas por la Tecnicatura Universitaria en Software Libre de la Universidad Nacional del Litoral.