Un primer andamiaje conceptual: el código fuente – Radar Libre
Un primer andamiaje conceptual: el código fuente

TXT: Radar Libre

IMG: Fabricio Caiazza | CC BY NC SA

tu software es mi biología
Un repaso por los conceptos vertebradores del proyecto Radar Libre

El proyecto Radar Libre busca ser un aporte para vincular dos grandes y diversos mundos: el de la comunicación alternativa / comunitaria, por un lado, y el del software libre y la cultura libre, por otro. Aún cuando hay una búsqueda por confluir temáticas, el punto de partida es a partir de la comunicación. Por eso, esta bitácora propone hacer un repaso de ciertos conceptos que no son tan comunes, que están en los bordes o en los laterales de dicho campo. Hablamos del software libre, el código abierto y la cultura libre.

Es preciso aclarar que todas estas nociones no se encuentran necesariamente nombradas en cada una de las prácticas que fueron mapeadas, y aún cuando son mencionadas en los diversos relatos, no siempre aparecen como definiciones cerradas. Sin embargo, ofrecen un marco conceptual común para poder analizar cada una de las experiencias.

Libre como en libertad

El abordaje del concepto de software y en particular el de software libre, no buscó hacerse desde la precisión técnica. Escribir código, analizar lenguajes de programación, o explicar funcionalidades, no es objeto de este proyecto. Más bien, el software libre se piensa como movimiento, desde una filosofía que nace y se consolida bajo la premisa de abrir el conocimiento, y que propone por sobre todo una búsqueda ética. También es necesaria otra aclaración previa: este trabajo busca analizar las experiencias que han adoptado tecnologías libres de la información y la comunicación (TLIC), por lo que corresponde ser precisos sobre a qué tipo herramientas nos referimos. Para eso recurrimos al historiador de medios ruso, Lev Manovich y su concepto de software para medios, es decir:

Programas que se emplean para crear e interaccionar con objetos y entornos de medios. (…) [Que hacen posible] la creación, publicación, acceso, compartición y remezcla de distintos tipos de medios, como imágenes, secuencias de imagen en movimiento, formas tridimensionales, caracteres y espacios, textos, mapas, elementos interactivos, así como diferentes proyectos y servicios que hacen uso de estos elementos.

Por lo tanto, para analizar las experiencias que utilizan software libre para medios es necesario conocer las premisas del movimiento de software libre.

Taller de software libre | Foto: Titi Nicola | CC BY SA

La Free Software Foundation (FSF) es una organización sin fines de lucro y principal representación institucional del movimiento por el software libre, y es de quien tomamos una primera conceptualización:

El software libre es el software que respeta la libertad de los usuarios y la comunidad. A grandes rasgos, significa que los usuarios tienen la libertad de ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, modificar y mejorar el software. (…) Cuando los usuarios no controlan el programa, decimos que dicho programa «no es libre», o que es «privativo». Un programa que no es libre controla a los usuarios, y el programador controla el programa, con lo cual el programa resulta ser un instrumento de poder injusto”

La FSF no busca reflexionar sobre la libertad en abstracto, sino que propone cuatro reglas prácticas, a las que denomina libertades esenciales, necesarias para considerar libre a un programa:

  • La libertad de ejecutar el programa como se desee, con cualquier propósito (libertad 0).
  • La libertad de estudiar cómo funciona el programa, y cambiarlo para que haga lo que usted quiera (libertad 1). El acceso al código fuente es una condición necesaria para ello.
  • La libertad de redistribuir copias para ayudar a otros (libertad 2).
  • La libertad de distribuir copias de sus versiones modificadas a terceros (libertad 3). Esto le permite ofrecer a toda la comunidad la oportunidad de beneficiarse de las modificaciones. El acceso al código fuente es una condición necesaria para ello.

Como señala Richard Stallman, programador, ex presidente de la FSF y principal referente del software libre, es importante no confundir software libre con código abierto (open source), ya que este último, “es una metodología de programación, [mientras que] el software libre es un movimiento social”. Tomando esta última afirmación, podemos citar al docente e investigador Oscar Vallejos, que señala al respecto:

“El software no está siendo entendido sólo en términos de un artefacto tecnológico sino en términos de un artefacto diseñado, producido, usado – adaptado y aplicado – de una estrategia colectiva”. Esto implica que “hay un colectivo social que lo emprende y desarrolla (activa) y tiene interés en hacerlo crecer a partir de ciertos principios políticos y culturales. Podemos llamar a estos principios valores. Valores políticos como la libertad, la autonomía, la horizontalidad; valores tecnológicos como la eficacia, la transparencia – frente a la idea de caja negra , la adaptabilidad, la condición de inacabados; valores comunales como la colaboración, el compartir, la solidaridad”.

Vallejos reseña también un punto específico del recorrido histórico donde el software libre se conformó como movimiento:

A partir de la década de los ochenta del siglo pasado y con la producción efectiva del sistema operativo GNU/Linux se realiza un salto cualitativo del movimiento de software libre a escala internacional y el surgimiento de una actividad intensiva de proyectos que tienen como base la de producir artefactos informáticos para hacer posible el trabajo cooperativo y colaborativo orientado en función del ideal de libertad/soberanía”.

Del software libre a la cultura libre

Taller de software libre | Foto: Titi Nicola | CC BY SA

Estos principios trascendieron el software e incluso las libertades comenzaron a aplicarse sobre todo tipo de obras culturales digitales o factibles de ser digitalizadas. Nace así la cultura libre , “una corriente de pensamiento que promueve la libertad en la distribución y modificación de trabajos creativos basándose en el principio del contenido libre para distribuir o modificar trabajos y obras creativas, usando internet así como otros medios”.

Cultura libre es un concepto popularizado por Lawrence Lessig – abogado y activista – a partir de su libro homónimo, donde presenta una serie de argumentos sobre la necesidad de transformar ciertas legislaciones que a la larga están generando restricciones a la creatividad. Su tesis se basa en un cambio de época con la irrupción de la digitalización de producciones culturales – que hace indistinguible la diferencia entre original y copia, además de tener un costo cercano a cero en sus réplicas –, y en el potencial difusionista de internet. Lo que debate Lessig es la necesidad de pensar nuevas legislaciones o reformular las que quedaron anacrónicas. Dice que su meta no es combatir a Todos los Derechos Reservados sino complementarlos, y la manera de hacerlo es repensando las reglas, que en el marco de las tecnologías digitales han quedado desfasadas y se han vuelto herramientas para los monopolios.

Encuentros, matices y colisiones

Es interesante ver cómo entran en juego, se emparentan o colisionan ciertas concepciones sobre la cultura o sobre la libertad aún dentro del propio movimiento. Lessig alinea a la cultura libre, como parte de tradiciones liberales como la libertad de expresión, el mercado libre, el libre comercio, la libre empresa, el libre albedrío y las elecciones libres.

Este concepto, de tradición liberal estadounidense, resulta complejo y problemático según quién lo aborde, sobre todo en esta región del mundo donde ha sido parte de la construcción narrativa para sostener ciertos programas económicos de pérdida de derechos de las mayorías. Otro ejemplo, aparece en un documento elaborado por GRAIN1 donde se mencionan ciertas dificultades, cuando se ponen en práctica las licencias de acceso abierto (aún cuando no sean monopólicas) porque “sigue expresando el concepto de propiedad, cuando la propiedad puede no ser tema de interés para algunas personas (por ejemplo, los pequeños agricultores), o puede ser algo que otros realmente desean evitar (por ejemplo, los pueblos indígenas)”.

Por su parte Margarita Padilla, hacker y activista catalana por el software libre, también pone en tensión la cultura libre y en particular el esquema legal de las licencias Creative Commons. Es muy complejo equiparar el producir y compartir código y, por ejemplo, fotografías, en parte por lo acabado de las últimas frente al primero y la autonomía con la que funcionan. Los modelos de producción también son diferentes, sobre todo si aspiran a salir de la precariedad. Padilla no clausura la posibilidad de establecer una economía amparada en creative commons, pero implica por sobre todas las cosas, construir “comunidades que tengan capacidad productiva, pero también de agencia y de negociación”.

La docente e investigadora argentina Bianca Racioppe señala divergencias entre el discurso de Lessig, más enfocado en una mirada jurídico-filosófica de la idea de libertad, frente al que sostiene Stallman, más ligado a la comunidad de programadores:

En Stallman hay un reconocimiento de la comunidad, del conjunto y del bien del grupo (…). En el pensamiento de Lessig tal vez sí aparece esta idea de la libertad individual, de cada autor, de decidir cómo compartir su obra, basada en una idea del derecho individual y no en la concepción que sustenta Stallman de la creación de comunidad”.

Taller de diseño editorial con software libre | Foto: Niamfrifruli | CC BY SA

Aún con estas complejidades, es posible entonces, ver la convergencia con una serie de movimientos que disputan contra las patentes de las multinacionales farmacéuticas, que enarbolan la soberanía alimentaria frente a la propiedad de las semillas, o que luchan por el derecho al anonimato frente a esquemas de vigilancia de los Estados y contra la comercialización de datos por parte de empresas. Quizás algunas consignas parezcan más sensibles y urgentes que otras, pero sin dudas todas se pueden englobar en una galaxia de acciones que buscan evitar la privatización de la vida y del conocimiento.

Sobre esto, podemos concluir con Oscar Vallejos que menciona lo siguiente:

El movimiento de software libre como movimiento mundializado o globalizado adquiere diferentes matices en función de las realidades territoriales en que se despliegan y los modos en que el movimiento va pensando la agenda (qué hay que hacer y cuándo), los límites (quiénes son los aliados y quiénes son los opositores) y la incorporación de nuevos cuadros a sus filas”. [De esta manera describe el paso del software libre] (…) “de ser un movimiento de informáticos a ser un movimiento social que incorpora a diversos agentes con saberes e intereses muy diversos también”.


Bibliografía

Notas al pie

  1. Acción Internacional por los Recursos Genéticos (GRAIN, por sus siglas en inglés)